OLVÍDALO
/ @_loulia

OLVÍDALO

/ @_loulia

 





Y las paredes, escucha, el peso de las paredes es lo peor. Cuando no existe nada a lo que te puedas agarrar, una pared se puede convertir en una soga limpia y cruel que espera paciente a el siguiente paso.

Puedes convertirte en en gato y tu curiosidad acabará partiendo en dos tu cuello y salpicando de sangre y mierda toda la habitación.

Aislamiento. Siempre me he sentido en un estado de aislamiento constante.

Cuando fumas un cigarrillo y exhalas el humo hacia el muro da la sensación de que esa voluta azul está trepando. ¿Lo entiendes ahora? ¿Lo has visto alguna vez? Yo sé de personas que se han vuelto locas solo de sentir su propia respiración.

Las celdas no están mal. De vez en cuando alguien te apunta con una linterna para asegurarse de que todavía estás aquí y no allí. No quieren que escapes. Saben que un tigre es mucho más peligroso atado que suelto. Y ellos te quieren ver así, rabioso.

El problema, su problema, es que las cadenas no te importan y que vives bien ahí dentro. Donde nada ni nadie puede alcanzarte.

Yo me acostumbre a eso. A las paredes acolchadas, a las resbaladizas, a las rugosas y a las de mentira.

Estoy aquí para demostrar que una mente libre es más poderosa que cualquier reja.

Los entresijos de las paredes albergan las historias más tristes de la humanidad.

Obsérvalas, cercénate un miembro, lame cada sucia esquina, desconcha toda la pintura con tus dientes. Quizás encuentres el candado que abre todo y puedas escapar. Sin embargo, cuando lo hagas, nada de esto habrá valido la pena.

Quédate quieto, y deja que ellas te digan qué hacer. La locura es una lagartija sin cola que espera paciente en la esquina.

Súmete en su oscuridad.

Y después olvida todo lo que he dicho.

 




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