“Nosferatu” (1922): El primer gran chupasangres del cine fue mudo

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Bella, lírica, imaginativa y muy visual primera adaptación cinematográfica de ‘Drácula’ de Bram Stoker, dirigida  en 1922 por F.W. Murnau.

 

Una película clave del expresionismo alemán que, además, es una versión inconfesa del libro, para así no pagar derechos de autor. La viuda de Bram Stoker ganó el juicio de plagio y las copias originales de esta película fueron destruidas. Solo se salvaron unas pocas y actualmente son verdaderas joyas del cine.

 

 




 

Un film que no solo es un clásico del cine de terror sino una obra maestra del cine en general. Algunas de las razones por la que no deberías perderte esta película que está a punto de cumplir cien años y que forma parte de la mejor historia del cine:  Su buen ritmo, la perturbadora apariencia del protagonista (Max Scherk), el dominio por parte de su hábil director de la fotografía, la luz (y las sombras), el negativo coloreado (azul en las escenas nocturnas y amarillo en las escenas diurnas o interiores), o esa modernidad a reivindicar que se usó con otros personajes de ultratumba mucho, mucho tiempo después (El uso de la cámara ultrarrápida en los movimientos del vampiro o las apariciones/desapariciones del no-muerto) son algunas de las muchas razones para ver, o redescubrir, esta joya silente del cine.

 

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