MONSTRUOS
Fotografía x @_loulia

MONSTRUOS

Fotografía x @_loulia

 





Lloré tanto que llovió durante toda una semana. Se me encallaron todos los huesos por intentar remediar lo inevitable. Algunos te querían matar. Siempre os quieren matar. Pero yo no. Yo nunca te haría eso. Sé que lo escuchaste siempre, pero lo que te decía era cierto. Yo no te haría eso nunca, de verdad.

Recorrí todo el país intentando buscar un remedio. La gente hablaba, sacaba a relucir sus teorías más negras. Decían que fue por una mujer, otros decían que peleaste con el ser más fuerte del mundo y perdiste. Pero yo no les creí. Tú eras el ser más fuerte del mundo. Maldita sea, a ti no hay nadie que pueda vencerte.

La noche era lo peor. Después de apagar la luz, el silencio retornaba y tan solo éramos dos chiquillos agazapados debajo de una manta por si la verdad venía a encontrarnos.

Cuando te quedabas dormido, yo me arrastraba hasta el salón y rezaba.

Rezaba por si te curabas, o por si morías. Qué más daba. Ambas me servían de consuelo. Todo era válido excepto lo que nos estaba tocando vivir.

Recé tanto que llegué a pensar que las manos se me iban a convertir en alas. ¿Te lo puedes creer?

De rodillas, con las palmas hacia arriba por si caía algo de esperanza. Rezando siempre al mismo santo.

Un santo que no nos hacía caso a ninguno. Un santo que echaba la vista hacia otro lado cuando alguien perdía un empleo o se le caía la vajilla de la boda al suelo. ¿Es justo todo esto? ¿Existe alguien que mueva los hilos? No lo sé. Pero soy alguien desesperado por una solución que no existe.

Lo peor es la espera, no la despedida. Por eso te dije que prefería verte en un nicho que al otro lado del salón.

Cuando pienso en mi muerte recuerdo ese momento. El momento en el que estaba yo rezando por ti. Por tu salvación. Y fue tan inútil que ahora me da vergüenza escribir sobre ello.

Nada hizo que cambiases. Continúas siendo el mismo de siempre. Y a lo que me agarro ahora es a tu voz, y ese pliegue que te recubre tu canosa ceja izquierda.

Te pareces tanto a tu abuelo que a veces me das miedo.

Nada teníamos que perder. Y sin embargo, lo perdimos todo.

De todas formas, esto solo era para decirte que te quiero.

 




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