MADRE
Fotografía x @_loulia

MADRE

Fotografía x @_loulia

Ella me miraba con los ojos del cielo y cuando estábamos a solas me leía cuentos y hablábamos y sonreíamos y de alguna forma conectábamos nuestras almas.

Sin embargo, no recuerdo sus palabras, pero sí sus labios moviéndose, oh, y sus manos.

Lo más importante eran sus manos, pequeñas y rechonchas.

Cuando te tocaban te hacían sentir bien. Eran un milagro, una señal de humo, un incendio en la piel.

Tenías la sensación de que esas manos nunca te juzgarían, nunca te dejarían caer, siempre firmes, nunca vacías, ausentes de voz pues no le hacían faltan.

 

De repente el miedo.

El miedo de olvidar sus arrugas, su textura, el roce, la sensación de calor.

Y después estaba la voz ronca de Ducados y el flamenco retumbando en cada recoveco de la habitación y la música sonaba y todo era tan real que podías llegar a tocarlo con la punta de los dedos y sentirlo en el corazón.

Madre, no sé a qué viene esto.

Sé que tú dirías algo así: el estómago lleno siempre tiende a vociferar gilipolleces.

Y yo sonreiría.

El hambre es algo que no puedes olvidar. Cuando olvidas estás muerto.

Hoy me siento muy alejado de todo eso.

 




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