CUERVOS
Fotografía x @_loulia

CUERVOS

Fotografía x @_loulia

 





Quedábamos los de siempre. Cuando la noche gritaba nosotros nos manteníamos vivos y aquello nos parecía todo un triunfo. Todos sabíamos que era mentira, pero nos gustaba estar ahí.

Las horas devoraban todo, quemaban los dientes, triplicaban la tasa de alcohol y provocaban mares en colchones abandonados, lo que hacía que todo lo demás ocupaba un segundo plano.

Durante el día recibíamos visitas de todo tipo. La puerta siempre estaba abierta. Qué más daba. Yo nunca fui un tipo seguro de mí mismo. Me mantenía al margen de todo eso, pero estar en el margen también requiere formar una comunidad. Conque llegamos formar una, no era la mejor, pero era nuestra.

Nada podría hacernos caer. Por un momento rozamos la inmortalidad. Estábamos tan arriba que podíamos sentir nuestras manos rozar las nubes. El aire estaba intoxicado, sucio, muerto. Y no paraban de llamarnos día y noche. Todo por vernos volar, todo por sentir que nos estábamos escapando de allí.

Tendrías que habernos visto. Unos cuantos corriendo a contracorriente sin importar si nos dejábamos el alma allí mismo. Nos daba igual, sentíamos nuestra alma no dentro, sino fuera de nosotros y era nuestra pequeña burbuja contra los pinchazos del desamor, el desempleo, el amor, el dolor.

Nos señalaban y tiraban piedras. Nosotros continuábamos intoxicándonos sin más. No sabíamos hacer otra cosa. Y sonreíamos, sí, eso lo recuerdo muy bien.

“Los gatos observan desde lo alto mientras los perros no paran de ladrar” dijo alguien.

Y después no se escuchó nada más que no fuera el graznido de los cuervos sordos.

 




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