Beber rápido y morir joven

Beber rápido y morir joven

 Fotografía: Goiz C.G


Nos refugiamos en la adolescencia cuando descubrimos la crudeza del mundo que nos rodea, mientras, intentamos decidir cual de todas las puertas que nos presenta el destino es la más asequible con nuestra mentalidad, para acabar rompiéndolas todas con nuestras propias manos. Cayendo sobre nuestros recuerdos llegamos a presenciar la eternidad de una vida inacabada y aun por empezar, lo que será nuestra huella en la historia de quien llegó a conocernos realmente.

Medimos nuestros pasos con desmedidas prevenciones, con alusiones a las circunstancias más decadentes de nuestra época. Nacemos en la oscuridad del caos, creando un rastro de tierra fértil a nuestro paso, labrando las ideas sobre las raíces de leyendas que anteriormente regaron este jardín.

Entramos en trance en el momento idóneo donde las ideas son desarrolladas por la sensibilidad del que solo es un mero espectador de su propia realidad. Instante donde nuestra mente es tan densa que la podemos saborear, justo antes de expandirse y crear a voluntad, la verdad más relativa de una gran ciudad en decadencia, la cual empieza a derruirse entre gritos de humildad solo audibles por odios desbordados de tierra quemada bajo ingentes cantidades de miseria

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